El Monasterio de Santa María de El Paular, desde dentro

Para estos días de verano, en los que no todos tenemos vacaciones, existen infinidad de lugares que, ya sea por un par de días o por unas horas, nos ayudan a desconectar del trabajo y alejarnos de la rutina del día a día. En este artículo os proponemos una visita reconfortante y espiritual a uno de los espacios, sin lugar a dudas, más bonitos de la Comunidad de Madrid: el Monasterio de Santa María de El Paular.

En el Valle del Lozoya, a la espalda del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, Rascafría nos recibe arropado por magníficas montañas que ofrecen un paisaje perfecto para olvidarse del ajetreo de la gran ciudad. Superado el municipio con dirección al Puerto de Navacerrada, nos dirigimos al Monasterio de Santa María de El Paular. En la joya arquitectónica del Valle Alto del Lozoya, declarada Monumento Histórico Artístico Nacional, encontraremos un lugar cargado de espiritualidad para los más creyentes pero también, para los que no lo sean tanto, veremos un ejemplo de conservación y mantenimiento de auténticas obras de arte que han sobrevivido al paso del tiempo y que guardan parte de la historia de nuestro país.

Os invitamos a recorrer con nosotros cada una de las estancias de la zona monástica y la historia que guarda cada una. No obstante, esto solo servirá de complemento a una futura visita obligada a un lugar con un encanto y un aire de misticismo sin igual, que enriquecerá nuestro conocimiento cultural e histórico-artístico de nuestro país.

Previa a la visita, que solo puede ser guiada y que tiene un precio de 7 euros, conviene dar un paseo por la sala que comunica con el atrio. Aquí conoceremos información muy detallada del monasterio y de todos los trabajos de conservación que se han desarrollado, salvando en la medida de lo posible las dificultades que presenta el terreno. Una vez dedicados 10-15 minutos a este paso previo, estaremos preparados para recorrer en profundidad los espacios más importantes del monasterio.

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Paneles informativos con los trabajos de conservación del Monasterio de El Paular

El padre Miguel, prior de la comunidad benedictina del Paular, nos recibe en el atrio desde donde arranca la visita a la zona monástica. El 29 de agosto de 1390, Juan I, Rey de Castilla, de la Casa de Trastámara, puso la primera piedra a la futura cartuja, la primera en el reino de Castilla y la sexta en España.

Este monasterio se construyó para los monjes cartujos que se instalaron en el lugar en 1391 procedentes de la cartuja de Scala Dei, en Tarragona, y actualmente derruida. Estos monjes Cartujos habitaron este enclave hasta 1835, cuando con la famosa desamortización de Juan Álvarez Mendizábal tuvieron que salir del monasterio que pasó a ser propiedad del Estado. Al no llevarse a cabo la reforma agraria promulgada por el propio Mendizábal, El Paular se puso en venta y lo compró una familia por poco más de 100.000 pesetas.

El Monasterio estuvo en propia privada durante 119 años, tiempo en el que se fue deteriorando. En 1942, el Estado volvió a hacerse con su propiedad y la vida religiosa regresó a El Paular de manos de Franco. En un viaje a Cataluña y hospedándose en Montserrat, al Caudillo le gustó tanto el ambiente religioso que allí había que decidió trasladarlo a Madrid, eligiendo la Cartuja de El Paular, que en esos momentos se encontraba deshabitada.

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Puerta de acceso a la iglesia desde el atrio, lugar donde arranca la visita guiada.

El Estado vuelve a ofrecer El Paular a sus antiguos moradores, los monjes cartujos, quienes tras visitarlo y comprobar su delicado estado decidieron no regresar. El 29 de marzo de 1954, desde la Abadía de Valvanera (La Rioja), llegaron a El Paular otra clase de monjes: los benedictinos. La Orden Benedictina lleva habitando el monasterio 64 años aunque el propietario sigue siendo el Estado, en este caso el Ministerio de Cultura.

Tras estos apuntes históricos que el padre prior explica a las puertas de la iglesia, nos adentramos en ella. El terremoto de Lisboa de 1755 afectó de sobremanera al Monasterio de El Paular, siendo la iglesia la parte más afectada. Su artesonado mudéjar original se desplomó a raíz de dicho temblor y, cuando se restauró, subieron siete metros más alta la iglesia, convirtiéndola en barroca. La bóveda que hoy luce es obra de los artífices de la decoración del Palacio de la Granja de San Ildefonso.

La iglesia destaca por sus bellos elementos. A la entrada podemos observar una magnífica reja del siglo XV, obra de un maestro rejero como Francisco de Salamanca, y que, tanto por una cara como por la otra, son idénticas. A la iglesia solo podían entrar los monjes cartujos. Por ello, nada más pasar la reja nos encontramos con la sillería del coro de los monjes que ocupa toda la nave.

La primera sillería que nos encontramos corresponde al coro de los hermanos legos la cual se encuentra muy bien conservada. Del siglo XVI, está fabricada en madera de nogal español y es obra del segoviano Bartolomé Fernández. Los respaldos de los asientos cuentan con representaciones de diferentes santos y santas con un relieve muy profundo. Avanzamos en la iglesia para encontrarnos la segunda sillería correspondiente al coro de padres. Comparada con la anterior, esta presenta una imagen más esbelta. Es como encaje de bolillos hecho en madera.

Delante de los sitiales están los atriles, también de madera de nogal, pero de estilo gótico. En ellas están representadas las escenas de la vida del Rey David. Ambos coros se trasladaron en 1883 a la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid donde han permanecido hasta hace poco más de diez años cuando se devolvieron a su lugar original.

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Vista de la iglesia de Santa María de El Paular con el retablo y la sillería

Sin embargo, la verdadera joya del monasterio es su retablo. De finales del siglo XV, está esculpido en alabastro, un mineral más blando que el mármol. Antes del descubrimiento de América ya existía este retablo que nos habla perfectamente de la época en la que fue realizado -en tiempos de los Reyes Católicos- y que el prior Miguel analiza con detalle.

En este retablo encontramos imágenes como la de Santa María de El Paular -también conocida como la Virgen de los Ángeles- rodeada de ángeles con instrumentos musicales propios de aquella época. En las escenas que se representan en el retablo se observan la Presentación de la Virgen en el templo, la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de San Juan Bautista, el Nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes Magos. Más arriba, hallamos la Circuncisión de Jesús, la Purificación de la Virgen, el Bautismo de Jesús, la Santa Cena y el prendimiento; mientras que desde lo alto dominan la flagelación, el Cristo con la Cruz a cuestas, la crucifixión y el descendimiento. Por último, encontramos el descenso de Jesús a los infiernos o seno de Abraham y la Resurreción de Jesús.

La imágenes que coronan el retablo son de estilo barroco y realizadas de madera. San Juan Bautista, la Virgen María, la Crucifixión de Jesús, San Juan Evangelista y San Bruno, el fundador de la orden de los cartujos. En total hay 41 santos repartidos por todo el retablo.

Al mismo tiempo que hace diez años se instalaba de nuevo la sillería en su lugar original, se limpiaba el retablo en el proceso de restauración. El retablo, el mejor que hay de este estilo, tenía tres capas de pintura y se dejó la original. En la época en la que el monasterio estuvo en propiedad privada, la iglesia se destinó a almacén de madera. Los pinos que se cortaban de Cotos se almacenaban ahí y como las sillerías se encontraban en Madrid, había espacio suficiente para almacenar lo que quisieran. El retablo, que nunca se movió de su sitio original, fue respetado lo que ha hecho que en la actualidad se conserve bastante bien.

Algunos de los ángeles que acompañan a Santa María de El Paular estaban en casa de los antiguos propietarios del monasterio como pisapapeles pero cuando el monasterio pasó nuevamente a propiedad del Estado, fueron devueltos.

Dejamos atrás la iglesia para acceder a la sala capitular en tiempos de los monjes cartujos y que hoy es una capilla. En ella, falta una tercera sillería que, con las dos de la iglesia, se trasladó también a San Francisco El Grande y todavía permanece allí. Esta capilla está presidida por un magnífico retablo barroco muy bien conservado, obra de José de la Torre, y que tiene dos cuerpos. El principal está adornado con seis columnas salomónicas, cada una de ellas ornamentada con hoja de parra y angelotes. Asimismo, cada dos columnas enmarcan una hornacina que la preside la bella imagen de la Inmaculada Concepción. Esta imagen no pertenece a este retablo, en su lugar debería ir una imagen de San Bruno -fundador de la orden de los cartujos- que se encuentra en la parroquia de Rascafría.

A ambos lados del retablo se observan dos santos, ambos obispos monjes cartujos. A la izquierda, San Hugo de Lincoln y, al otro lado, a San Antelmo. La parte superior la preside un magnífico calvario de Miguel de Tomás flanqueado por dos ángeles barrocos portadores de utensilios de la pasión de Cristo. El Cristo que se ve en el Calvario es un Cristo vivo que aún no ha recibido la lanza. Sobre el altar tenemos una imagen del siglo XVIII de San Antonio de Padua con el niño Jesús en sus brazos.

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Imagen de San Benito de Nursia, fundador de la Orden Benedictina

Avanza la visita por el Monasterio de Santa María de El Paular hasta la Capilla de los Apóstoles. Esta luce unos hermosos cuadros de San Pedro y San Pablo y en la bóveda, que se restauró hace poco más de 20 años, por debajo del encalado se descubrieron unas pinturas alusivas a los hechos de los apóstoles, de ahí el nombre dado a esta capilla que está presidida por un retablo muy estropeado por la humedad. El zócalo de azulejos es de Talavera de la Reina del siglo XVII. En este espacio destaca la imagen del fundador de la orden benedictina, San Benito de Nursia, en una imagen reciente -del siglo XXI- hecha en madera de cedro africano.

La siguiente estancia del monasterio es de las que más sorprenden a quienes lo visitan. Nos encontramos en la parte barroca del monasterio, uno de los mejores conjuntos de este estilo que se conservan en España. El Paular participó en la fundación de una bella cartuja, la de Granada, costeando su construcción y enviando monjes. Francisco Hurtado Izquierdo fue el arquitecto de la cartuja de Granada e hizo un monumento que gustó tanto a los monjes de El Paular que pidieron al gran maestro del barroco español que creara algo igual aquí.

El resultado, un monumento excelso de 15 metros de alto superando en más de la mitad la altura de la obra primera de Granada. Todos los mármoles empleados en esta obra se trajeron de las Sierras de Córdoba y Granada, de donde es característico el mármol rosa. Se trata de una custodia de oro y plata y pesaba 24 arrobas (350 kilos) que fue expoliada por las tropas de Napoleón en la Guerra de la Independencia. Cuando volvieron los monjes cartujos, después de la guerra de 1808, echaron en falta la custodia y numerosos objetos de gran valor.

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El Sagrario o Transparente, una de las grandiosas obras de El Paular

Las bóvedas están pintadas al fresco por Antonio Palomino pero en aquel entonces se hacía una pintura poco consistente y con el abandono del monasterio, la humedad acumulada y el mal estado de las cubiertas hicieron que esas pinturas desapareciesen. Al fondo se observan restos de una pintura mural de Palomino que representa seguramente una Santa Cena. De Palomino, en el interior del transparente y acompañando la custodia, son los dos retablos con dos lienzos de gran formato. Si dirigimos nuestra mirada al suelo de mármol, vemos sus llamativos colores representando motivos florales y vegetales.

En este espacio barroco de El Paular, encontramos también un retablo con acabado en pan de oro e imágenes de Santa Ana o San Joaquín, de Pedro Duque Cornejo. El altar en mármol nos muestra cómo el arte barroco es simétrico. El retablo está presidido por Santiago Apóstol, Patrón de España, en este caso Santiago peregrino en actitud de ir caminando.

El Hermano de Santiago, San Juan Evangelista, preside el retablo que está en el lado opuesto de esta sala barroca. Está acompañado por dos mártires: Santa Inés, la patrona de las doncellas, y Santa Águeda, la patrona de las mujeres y cuya imagen es significativa pues lleva en una bandeja los pechos que le cortaron. Los monjes cartujos San Bruno, San Antelmo, San Hugo de Lincoln y San Nicolás Albergati también tienen cabida en este espacio barroco del que salen cuatro capillas aunque solo dos pueden ser visitadas por su deterioro, sobre todo, por la humedad.

Por último, el prior Miguel llama la atención de que en esta sala debería de haber una lámpara que fuera en consonancia con la grandiosidad y la belleza de todo lo visto. Aquí colgaba una gran araña de cristal de La Granja que se encuentran en la plaza de la Villa de Madrid, en el salón Goya.

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Refectorio de Santa María de El Paular presidido por una imagen del calvario

El siguiente espacio al que nos dirigimos es la sacristía en la que, nada más entrar, destacan sus cajoneras originales donde se guardaban los ornamentos. Los espejos del siglo XVII correspondían a dos lienzos que estaban en el altar mayor aunque estos desaparecieron y se les dio uso a los marcos para espejos. Como curiosidad, en estos espejos que están enfrentados y por su orientación, puedes verte mirando por delante y por detrás. La sacristía cuenta con un Cristo de madera del siglo XVII que los monjes benedictinos del monasterio sacan en procesión cada Viernes Santo por el claustro principal.

El refectorio, elegante espacio de estilo gótico, está presidido por un magnífico calvario del siglo XV en madera acompañado de ángeles en vuelo que recogen con cálices la sangre que emana de las heridas del crucificado. El fondo pictórico que representa una Jerusalén celestial es del siglo XVII. Debajo del calvario tenemos un cuadro de Eugenio Orozco (1634) que representa la última cena en el momento que Jesús está diciendo a sus apóstoles ‘uno de vosotros me va a traicionar’. El púlpito es gótico-mudéjar del siglo XV obra del morisco Abderraman de Segovia, el primer arquitecto de El Paular. Los escaños de los asientos son góticos-mudéjar, también del siglo XV. Este refectorio, con una capacidad para 64 personas, no es el de habitual uso de los monjes. Estos utilizan un comedor más funcional para su día a día dentro del monasterio. En el que nos encontramos, se utiliza para determinadas fiestas de la orden como la Semana Santa. El púlpito sirve para el lector. Se come en silencio mientras hay un monje leyendo y otro sirviendo. En el comedor de diario se lee en un estrado.

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Claustrillo del Monasterio de Santa María de El Paular

La visita concluye en el llamado “claustrillo” de estilo barroco y donde la luz entra por las tardes a borbotones por los óculos. Tiene un patio de aguas que recoge las aguas de varios tejados. Nos fijamos nuevamente en la magnífica azulejería talaverana del siglo XVII. Cuenta el padre prior que en toda cartuja hay un claustro de reducidas dimensiones que es más importante que el principal, donde viven los monjes, y sirve de distribuidor de aquellos espacios importantes del monasterio: el claustro principal, el refectorio, la iglesia y la sacristía.

Tras despedirnos del padre prior Miguel, pasamos por el claustro principal donde la obra pictórica de Carducho repasa la vida de San Bruno, fundador de la Orden de los Cartujos, moradores originales de este enclave. Se trata de 52 lienzos de una importante serie pintada por Vicente Carducho para la Cartuja de Santa María de El Paular y que durante dos siglos se emplazaron en el monasterio hasta la desamortización de Mendizábal. En julio de 2011, se completó el regreso a El Paular de las obras conservadas.

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Vista del claustro principal de Santa María de El Paular con las obras de Carducho

En poco más de 45 minutos -que se pasan en un suspiro- hemos conocido lo mejor de un maravilloso lugar en el que cada esquina tiene una historia que contar. Hoy salimos del Monasterio de Santa María de El Paular tomando consciencia de que, cuidando el patrimonio, estamos haciendo mucho bien a futuras generaciones que tendrán la suerte de conocer la historia gracias a lugares tan cargados de ella como este monasterio que tenemos a un paso de Madrid.

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