El Valle Medio del Lozoya más desconocido

Desde Horcajuelo de la Sierra hacia el oeste, la carretera desciende serpenteante entre prados y extensas zonas de matorral al encuentro del Valle Medio del Lozoya. En pocos kilómetros, la escena que se abre ante nosotros es sencillamente sobrecogedora. De un simple vistazo, todo el valle atravesado por la carretera de Burgos. Lo más inmediato serán nuestros destinos para esta inestable tarde de junio: Madarcos -desde junio de 2019 incluido en la Sierra del Rincón-, Horcajo de la Sierra y su preciosa pedanía de Aoslos. A nuestra izquierda -hacia el sur- queda el municipio de Piñuécar-Gandullas y el embalse de Puentes Viejas; hacia el norte, más allá de la autovía, se divisa La Acebeda y Robregordo.

La ruta de hoy por los pueblos más desconocidos del Valle Medio del Lozoya -y que menos aparecen en las guías de la Sierra Norte- hay que hacerla con los ojos del que aprecia y valora el entorno, le apasiona descubrir cada rincón y cada mínimo detalle que se encuentra a su paso. Si no, será un lugar de los que se dice “ahí no hay nada que ver”.

Efectivamente seguimos en la Sierra del Rincón aunque el cartel de la carretera anuncie que aquella es la entrada. En junio de 2019 se celebró la entrada de Madarcos como el sexto municipio de la Reserva de la Biosfera aunque la repercusión haya sido prácticamente nula. De hecho, es difícil encontrar este hecho pues en todas las guías aparece como miembro del Valle Medio del Lozoya.

Precisamente Madarcos es el primer pueblo al que llegamos, tomando el cruce que sale a la izquierda. Es el pueblo más pequeño de la Comunidad de Madrid -48 habitantes- aunque un sábado por la tarde como en el que nos encontramos, hay más vida de la que seguramente se halle entre semana. Nos sorprende y agrada en la misma proporción un grupo de niños correteando y haciendo uso de la instalación deportiva a la entrada del pueblo.

Panel informativo situado a la entrada de Madarcos con la iglesia de Santa Ana detrás.

Sus calles rezuman tradición con la arquitectura rural de sus casas, calles y rincones. Nos llama la atención el edificio del ayuntamiento, el cual desentona no por su construcción de piedra, sino por su aspecto más bien de tanatorio y sin una mísera bandera del ayuntamiento, comunidad o del país en la entrada. Muy distinto al edificio que puedes encontrarte en cualquiera de los pueblos de la zona. En Madarcos destaca la iglesia parroquial de Santa Ana del siglo XVII y, de la misma, la espadaña con dos campanas como elemento más interesante.

Recorremos cada rincón de Madarcos con la pausa que merece. Nos paramos ante cada construcción y la analizamos con detenimiento con el sonido de las conversaciones que salen de algunas casas a las que las ansiadas visitas han llegado. Sin embargo, el epicentro social de Madarcos en esta tarde de sábado está en su bar. En La Fragua, grupos de amigos que se han decidido por Madarcos para pasar el fin de semana en una casa rural, conversan sobre la situación en la que estamos, las últimas novedades que se oyen en las noticias y cómo han sido sus vidas en estos últimos meses. Nosotros probamos algunas de sus propuestas culinarias que no nos dejan indiferentes.

Volvemos a la carretera para dirigirnos al municipio de Horcajo de la Sierra-Aoslos, dos núcleos urbanos que nos sorprenden por el cuidado de sus edificios y la presencia de paneles informativos en los más importantes, explicando su historia. Como siempre, el visitante agradece esos gestos que nos ayudan a enriquecer más si cabe el viaje. Entre los dos suman 145 habitantes aunque en fin de semana -sobre todo en Horcajo- diría que casi se triplica la población que se reparte a lo largo y ancho del municipio en sus calles, plazas, terrazas y en cualquier rincón de este bello lugar.

Horcajo de la Sierra nos espera rodeado de un entorno natural impresionante y con un entramado urbano irregular de calles que para recorrerlas es conveniente estar en buena forma física. Cuesta encontrar un lugar en el que dejar el coche, lo cual ya dice mucho del ambiente reinante. Las construcciones de mampostería rústica de piedra mantienen la esencia de sus casas, muchas de ellas antiguos corrales y cobijo de pastores. En la calle de la Carretera nos encontramos con una robusta fuente de 1957 y de gran tradición en el municipio. Desde allí, se puede descender por la calle Mayor hasta encontrarnos con el coqueto ayuntamiento de Horcajo de la Sierra-Aoslos que también tiene la función de casa de la cultura y consultorio médico.

Ayuntamiento de Horcajo de la Sierra-Aoslos. Arriba, casa tradicional y fuente de piedra; abajo, la iglesia y el cementero colindante.

Se dice que el pueblo de Horcajo se erigió alrededor de una Torre-Fuerte, la cual fue transformada en campanario. Al lado de la misma se construyó la iglesia de San Pedro in Cathedra, de estilo gótico del siglo XV. Es un edificio que llama la atención por su construcción en mampostería y ladrillo y, sobre todo, por el cementerio que se encuentra anexo al templo y que da un plus de espiritualidad al lugar.

Debajo de la iglesia existe un mirador que ofrece una vista estremecedora con el curso bajo del arroyo del Valle en primera instancia y un poco más allá el río Madarquillos, encajonado en pleno valle. Con esta maravilla aún en nuestras retinas, tomamos de nuevo la carretera para dirigirnos al último destino: Aoslos, cuyo nombre se cree que proviene de la palabra celta “coslo”, “avellano”, derivando en “caoslo-aoslo”, “lugar de avellanos”. Este núcleo se fundó cuando, durante el siglo XVI, varios vecinos de Horcajo se asentaron alrededor de una ermita dedicada a Santiago Apóstol que no ha llegado a nuestros días. En el siglo XVIII ya se nombra a Aoslos como “barrio de Horcajo” en el Catastro de la Ensenada.

Vista desde el mirador de Horcajo de la Sierra

De camino hacia Aoslos cruzamos el río Madarquillos -afluente del Lozoya que desemboca en el embalse de Puentes Viejas-. Se trata de una zona de gran belleza donde une sus aguas con las del arroyo del Valle en las cercanías de una poza natural que, en este día no demasiado caluroso, ya congrega a algunas personas del entorno.

Por la carretera nos cruzamos con decenas de personas que salen de ruta a andar por el bello entorno de este municipio. Son varias las rutas que se ofertan y, aunque no nos da tiempo a realizar ninguna de ellas, las anotamos para una próxima ocasión pues quedamos embelesados con todo lo que rodea a los municipios de este margen derecho de la A-1 dentro del Valle Medio del Lozoya que estamos recorriendo.

En esta pedanía de Horcajo de la Sierra apenas viven de seguido una treintena de personas pero a juzgar por las numerosas construcciones que hay en marcha, la mayoría en piedra y manteniendo la arquitectura tradicional, el número crecerá muy pronto a buen seguro. Aoslos está vertebrada por su calle Real -la principal de esta pedanía- y la cual nos permitirá descubrir sus más bellos rincones. Nos maravillamos con la arquitectura rural de sus casas. Las más nuevas, construidas con mucho gusto y de una enorme belleza; y las más antiguas, construcciones tradicionales de planta baja que resisten al paso del tiempo y que dotan a esta pedanía de un encanto que agrada al viajero.

Lo primero que nos llama la atención de Aoslos es la iglesia de San Isidro. Una construcción de 1936 de aspecto rústico asentada entre prados. Nos quedamos con las ganas de verla por dentro pues nos lleva un buen rato admirarla desde el exterior. Unos pasos más adelante nos encontramos con el pilón, construido al paso de la reguera durante la posguerra como abrevadero para el ganado y los pastores. Es una muestra de la gran tradición ganadera de esta población y del deseo del ayuntamiento de recuperar espacios tradicionales que se integran perfectamente en el casco urbano, permitiendo a vecinos y visitantes disfrutar de un espacio agradable en el que tradición y modernidad -tradicional- se dan la mano.

Construcciones antiguas en Aoslos. Más arriba, a la izquierda, iglesia de San Isidro; a la derecha, el pilón de la reguera.

Abandonamos esta parte del Valle Medio del Lozoya satisfechos de haberle dedicado una tarde y convencidos de que nos dejamos mucho por ver. A buen seguro que la grandiosidad de la Sierra Norte provoca que las guías se centren en otros espacios pero a veces conviene descubrir aquellos lugares más desconocidos y que probablemente levanten menos expectativas en nosotros. No te arrepentirás.

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