Castelo Rodrigo y alrededores, una escapada con sabor a historia

La Raya fronteriza entre España y Portugal está repleta de pueblos con una enorme historia a uno y otro lado de los más de 1.200 kilómetros que componen la frontera más antigua de Europa. Aquella que fue definida en el Tratado de Alcañices de 1297, mediante el cual, entre otros muchos puntos, Castelo Rodrigo fue entregada por la Corona de Castilla al rey de Portugal Dionisio I, una plaza que para este último era muy deseada.

Reconozco que soy fan de Portugal, de sus gentes tan hospitalarias, de su gastronomía, de su riqueza cultural, patrimonial, natural y del cuidado con el que se tratan sus espacios históricos. De hecho, Castelo Rodrigo pertenece a la Red de Aldeias Históricas de Portugal, una marca turística creada para preservar el patrimonio de doce localizaciones que en otro tiempo fueron claves en el destino de Portugal como país, y es considerada, desde 2017, una de las 7 maravillas de Portugal.

A poco más de tres horas de Madrid por Salamanca y Fuentes de Oñoro, Castelo Rodrigo te espera tranquila, como si el paso del tiempo no fuera con ella. Demasiados conflictos sufridos a lo largo de la historia. Hoy en día es un auténtico reducto de paz en lo alto de un cerro, en una prolongación de la Serra da Marofa, sobre el que se divisa La Raya imaginaria con España que apenas queda a diez kilómetros.

Cuando uno llega a Castelo Rodrigo lo primero que le impresiona es su imponente castillo que sobresale del resto de construcciones. Su estado en ruinas -fue incendiado y destruido en durante la Restauración de la Independencia portuguesa en 1640- no le exime de lucir encantos como algunos de sus trece torreones y tres puertas, entre ellas la Puerta Monumental del Palacio que Cristóbal de Moura mandó construir en 1590 en el lugar de la antigua alcazaba. En cuanto a la muralla, destacan los torreones semicirculares y las ruinas de la torre albarrana y la torre del Homenaje.

En una de nuestras visitas coincidimos con la recreación histórica “Salgadela a Batalha”, que se viene celebrando todos los veranos en Castelo Rodrigo y que conmemora la batalla que tuvo lugar en el concejo de Castelo Rodrigo el 7 de Julio de 1664 durante la Guerra de la Restauración de la Independencia portuguesa frente a las fuerzas españolas, cuya leyenda afirma que el Duque de Osuna y Juan de Austria consiguieron salir con vida disfrazados de frailes. Sea como fuere, la aldea se engalana para la ocasión y toma un aire medieval añadido con puestos de comida, trovadores tocando la gaita y demás personajes de la Edad Media que te trasladan de lleno a otra época.

Más allá de la fiesta, Castelo Rodrigo es, en su totalidad, un verdadero espacio monumental con multitud de referencias medievales excelentemente conservadas y que conviene recorrer con calma previo paso por la oficina de turismo, próxima a la entrada al castillo. Dado el pavimento irregular y la pendiente de las calles, algunas tortuosas, se compensa con la amabilidad de los vecinos y ese olor que sale de las casas por la producción local de miel y otros productos.

Dentro de los atractivos imperdibles, más allá del citado castillo-palacio o las murallas que rodean la villa, debemos retenernos en la iglesia Matriz Rocamador, fundada en el siglo XIII por una congregación de frailes que daba hospedaje a los peregrinos del Camino de Santiago portugués del interior y que tiene una figura en madera de Santiago a caballo, de ahí que también sea conocida como Iglesia de Santiago. Tampoco debemos perdernos la Picota manuelina o quinientista o la antigua cisterna medieval.

Dormir en Castelo Rodrigo

En las dos veces que he visitado Castelo Rodrigo, Casa da Cisterna ha sido mi lugar preferido para alojarme. Se trata de un hotel rural con dos partes, una en la parte baja del pueblo y otra más arriba y en el que Ana, su dueña, te hace sentir como en casa con un trato servicial y cercano y en el que dispones de todas las comodidades para que tu estancia allí sea de lo más agradable. Su jardín con una pequeña piscina y con unas extraordinarias vistas de toda la región de la Beira Interior es el lugar ideal para desconectar con un buen libro, tomar una copa de vino o simplemente contemplar el paisaje buscando terreno español a lo lejos.

Es un auténtico placer disfrutar de un buen desayuno en la terraza degustando los productos típicos de la zona, muchos de ellos de producción propia como el aceite o la miel, sin obviar los dulces caseros, la empanada casera, el queso regional, el zumo natural de naranjas de Barca d’Alva, etc. Por la noche, en la Cantinha, podrás tomarte la última fuera del hotel y disponer de un rato de entretenida conversación. Eso sí, por la noche refresca…

Qué hacer en los alrededores

Nadie mejor que la población local para indicarte los mejores lugares para visitar, comer y seguir disfrutando de la zona. Aunque en Casa da Cisterna organizan excursiones y salidas para todos los gustos, pues existen infinidad de opciones para dedicar el día, también te recomiendan lugares más o menos cercanos a Castelo Rodrigo y que vienen a la perfección para complementar el viaje.

Vista del río Côa con las tierras de cultivo en forma de terraza.

Por el Valle del Côa. Nos apetecía un plan de baño y visitar alguno de los pueblos del Valle del Côa, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO, y famoso por su Parque Arqueológico y su Centro Nacional de Arte Rupestre, además de tratarse de una tierra de interminables viñedos. Nos recomendaron ir a darnos un baño a una de las innumerables playas fluviales que hay en Portugal: Foz de Sabor, lugar en el que las aguas del río Sabor desembocan en el Duero. El camino, dentro de la región vitivinícola más antigua del mundo -tal y como afirman los oriundos del lugar-, es una sucesión de pequeñas aldeas y tierras dedicadas al cultivo de la vid, generalmente en forma de terraza, que van descendiendo por la ladera hasta el río Côa, el cual nos acompaña hasta las cercanías de la primera parada. Vila Nova de Foz Côa, con poco más de 3.000 habitantes, es un pueblo que rezuma historia en cada calle, en cada rincón, en cada plaza donde -como suele ocurrir en Portugal- sin grandes lujos, encuentras todo perfectamente conservado. La plaza del Municipio donde se encuentra la iglesia es una maravilla.

Plaza del Municipio en Vila Nova de Foz Côa. Abajo, Foz de Sabor.

Continuamos el camino hasta Foz de Sabor dejando a un lado ‘Quinta do Vale Meão’, -donde hacen unos vinos y un aceite de oliva espectaculares- hasta cruzar el Douro que va a discurrir paralelo a la carretera, como queriéndonos guiar hasta el puente en el que hay que girar a la izquierda para acceder a una de las más de 200 playas fluviales del país luso. Nos sorprende que para ser verano y fin de semana apenas hay aglomeración de personas como podíamos presumir. La playa fluvial de Foz de Sabor cuenta con unas funcionales instalaciones para los visitantes con vestuarios. En plena desembocadura, puedes bañarte, tomar el sol, comer en los merenderos o en el restautante e incluso hacer kayak a lo largo del río Sabor, pues el Duero está reservado a los cruceros que pasan a cuenta gotas por el río que nace en los Picos de Urbión (Soria).

De vuelta a Castelo Rodrigo, deshaciendo el camino, nos detenemos en Figueira de Castelo Rodrigo, la actual capital del concejo a donde su población “se bajó” dejando de lado la dificultosa vida de Castelo Rodrigo a mediados del siglo XIX. Algo parecido a lo que ocurre con Monsaraz. La aldea histórica no deja de ser un pueblo museo en el que la vida diaria se torna complicada por la orografía del terreno.

Vista de Figueira desde Castelo Rodrigo

Figueira tiene un hermoso paseo pero, sobre todo, tiene un restaurante que hará las delicias de nuestro paladar. En la ‘Taverna da Mathilde’ podrás degustar la mejor gastronomía de la región cocinada con mimo y esmero, con unas cantidades muy generosas y a un precio muy razonable, como suele ocurrir en Portugal. Pedimos un “Naco na Pedra”, básicamente carne a la piedra que acompañan de ensalada, un guiso de arroz y patatas fritas. Una barbaridad con la que sales rodando del restaurante. Eso sí, en los restaurantes de Portugal debemos tener “cuidado” con ese entrante que te colocan en la mesa y que los españoles nos creemos que es una tapa. Si lo tocas, lo pagas. Es tradición allí. Y, por experiencia, conviene llevar efectivo. En muchos lugares no disponen de pago con tarjeta.

Naco na Pedra con sus acompañamientos en Taverna da Mathilde

Almeida. La aldea histórica de Almeida se encuentra a escasos 20 minutos de Castelo Rodrigo dirección España. Se trata de un pueblo protegido por una imponente fortaleza en forma de estrella que se encuentra en perfecto estado de conservación. Y es que a lo largo de los siglos, Almeida fue estratégica en la defensa de la frontera y preserva numerosos vestigios de esos tiempos. Allí comimos en ‘Talmeyda’, un pequeño y coqueto restaurante en el que degustamos un Arroz con Pato muy bueno. Otra opción para comer de la que guardo muy buen recuerdo es en Malpartida, una freguesía de Almeida de apenas unas decenas de habitantes pero que tiene un restaurante llamado ‘Casa D’Irene’ donde se come un arroz con tamboril espectacular. Se trata de una rica receta portuguesa que viene a ser un arroz caldoso con rape y que también puede llevar langostinos. Mi paladar no lo olvidará jamás.

Dos veces he tenido la oportunidad de visitar Castelo Rodrigo y sus alrededores y a buen seguro que volveré por una zona encantadora con una historia siempre ligada a lo que hoy es España y con muchos más rincones por descubrir.

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