Dos días por La Rioja Alta

Durante el confinamiento, el humorista Jorge Cadaval visitó la Villa riojana de Ezcaray en el programa de TVE, El Paisano. Reconozco que aquel pueblo pasaba inadvertido para mí hasta ese momento. Aquellas calles envueltas en arquitectura tradicional, ese aire a otro tiempo que te traslada a tierras navarras o vascas y el río que da nombre a toda una comunidad regando el municipio. Había que conocerlo.

Aprovechando el paseo, organizamos una escapada de dos días por tres municipios de La Rioja Alta cargados de historia. El citado Ezcaray fue la primera parada. Después, paseamos por aquel lugar en el que cantó la gallina después de asada, Santo Domingo de la Calzada, para rematar la visita a tierras riojanas en la cuna del castellano y del euskera, San Millán de la Cogolla.

Oficina de Turismo en la calle de Sagastia, en Ezcaray

En pleno verano, cuando uno en su casa está asado de calor, lo que menos piensa es que tres horas más al norte va a tener que ir con abrigo por la calle para no morirse de frío. Ezcaray nos recibió con ligera llovizna y un cielo encapotado que no evitó que sus calles más céntricas tuvieran un magnífico ambiente entre población local y visitantes, entre ellos un buen número de familias.

“Ezcaray es un pueblo de montaña rodeado de un paisaje envidiable”

Jorge Cadaval, El Paisano (TVE)
Fachada principal de la iglesia de Santa María la Mayor, en Ezcaray

Ezcaray presume de ser la Primera Villa Turística de La Rioja, título otorgado en 1998 por la Comunidad Autónoma a la que pertenece. Desde luego que atractivos no le faltan, y es que cuenta con numerosas construcciones del siglo XVI al XVIII. Casas solariegas y palacios que coinciden con la época de mayor esplendor de la Villa.

Lo primero que sorprende al visitante es la enorme plaza de la Constitución que aglutina en un mismo espacio el Ayuntamiento, que comparte edificio con el Teatro Real, y la Real Fábrica de Tejidos, de 1752. La iglesia de Santa María la Mayor, de camino hacia la zona más transitada de la Villa, es una obra en sillería rojiza del siglo XV, aunque cimentada sobre una iglesia-fortaleza románica anterior construida entre los siglos XII y XIV. Lamentablemente, no podemos acceder a verla pero desde fuera merece un buen rato para quedar boquiabiertos con la original portada, los elementos ornamentales que atesora y la balconada que recorre su parte superior.

Plaza de la Constitución de Ezcaray con el Teatro Real (izda.) y el ayuntamiento a su derecha.

La vida social de Ezcaray está en sus plazas. La plaza de la Verdura cuenta con la argolla del Fuero, un elemento que simboliza el pasado de la Villa otorgado por el Rey Alfonso X en 1326 a la ciudad y que, entre otros privilegios, concedía refugio y defensa a los malhechores que llegaran a este valle. Cuando alguien tocaba esta argolla, nadie podía venir de fuera a juzgarlos y podían disfrutar de un día de descanso y otro día de ventaja, antes de que la justicia pudiera perseguirlos. O podían quedarse en la villa a vivir en libertad. Más tarde, los Reyes Católicos -en 1484- abolieron lo concerniente al acogimiento de delincuentes y deudores. La fuente de 1924 es otro de los elementos que engalanan una plaza en la que se encuentra la oficina de turismo, Correos y diferentes bares y restaurantes en los que degustar las exquisiteces de la Villa.

Palacio del Ángel, en Ezcaray

El paseo por las calles más céntricas de Ezcaray es todo una gozada. Los soportales son la seña de identidad de un casco histórico cuidado con detalle y que los propios vecinos ornamentan con flores y demás elementos decorativos. Llegamos a la plaza Conde de Torre Muzquiz, con su representativo quiosco de 1958 alrededor del cual los más pequeños, locales y visitantes, corretean y se divierten. En esta plaza, los soportales de las casas concentran también buenos lugares donde reponer fuerzas para el resto del día. En el apartado gastronómico, no te puedes ir sin degustar un buen plato de caparrones -una variedad de alubia roja-, sobre todo si eres amante de la cuchara.

Quiosco de la plaza del Conde de Torre Muzquiz

Una buena forma de bajar la comida es acercarse al río. Desde el puente de la Estación (1925), donde se encuentra la antigua estación de Ferrocarril -que hoy pasa por restaurante-, se puede recorrer el río Oja, que según algunas teorías da nombre a la Comunidad Autónoma. El paseo Tenorio o el de la Alameda recorren en paralelo el cauce de este río que nace en la cercana Sierra de la Demanda. Del siglo XVI son los otros dos puentes que nos encontraremos en nuestro paseo, el puente de Landía o Alandia y el puente Canto. El primero de ellos fue destruido en 1920 por una riada que se llevó dos de sus cinco ojos. Hoy, queda en pie el resto del puente como recuerdo, dotando de un encanto especial al paseo Tenorio. Justo al final del recorrido, el estrecho puente Canto nos permite cruzar al otro lado, por donde la carretera nos lleva a la estación de Valdezcaray.

Catedral y torre de Santo Domingo de la Calzada desde la plaza del Santo

Es hora de partir hacia el siguiente destino: Santo Domingo de la Calzada. Es esta una ciudad que no se entiende sin el Camino de Santiago. Fundada en el siglo XI por un hombre, Domingo García o de Rioja, cambió para siempre el Camino francés a Santiago de Compostela con el propósito de facilitar el camino a los peregrinos y evitar el rodeo que venían dando desde Nájera hasta Burgos. Levantó un puente, un templo y un hospital, frente al cual creó una Cofradía que atiende desde ese momento a los peregrinos que se dirigen hacia Santiago.

La torre de la catedral desde el antiguo Hospital de Peregrinos, hoy Parador de Turismo

En pleno mes de julio, la temperatura no supera los 20 grados y, como ha ocurrido en Ezcaray, pasear por sus calles es una delicia que se convierte en un “problemilla” cuando el sol desaparece. Nos quedamos en El Molino de Floren, un antiguo molino de agua reconvertido en un acogedor -y seguro en materia de Covid- hostal que, lo mejor de todo, está a pocos metros del casco histórico.

Recorrer la arteria principal, la calle Mayor, sin prisa, con plano en mano y deteniéndote ante cada edificio histórico es el mejor plan para descubrir a fondo una ciudad especial para mí. Y es que uno, que también tiene su lado romántico, no puede evitar acordarse que, desde este lugar llegaron hasta una pequeña aldea cercana a Madrid un grupo de repobladores que, además, llevaron consigo un Santo de reducidas dimensiones al que veneraban y que acabó convirtiéndose en patrón de este lugar de tradición alfarera. Este lugar no es otro que Alcorcón y por ello su patrón es Santo Dominguín.

El visitante agradece que cada punto destacado de la ciudad venga acompañado de un panel informativo que explica en tres idiomas la historia del monumento. Por la mencionada calle Mayor, te encontrarás con la gran mayoría de edificios destacados, en su mayoría del siglo XVII y XVIII, muchos de ellos reconvertidos en albergue para peregrinos del Camino de Santiago. Y es que si por algo se caracteriza Santo Domingo de la Calzada es por tratarse de una ciudad abierta y hospitalaria que ofrece descanso a cientos de miles de peregrinos que al año la visitan en su camino hacia Santiago de Compostela.

La torre de la catedral domina cualquier vista de Santo Domingo de la Calzada

La plaza del Santo es de una belleza inconmensurable. Destaca la catedral, de una grandiosidad sobrecogedora y que, he de decir, no he tenido ocasión de visitar por dentro en las dos ocasiones que he visitado la ciudad. Por ello, estoy más que obligado a intentarlo en una tercera oportunidad en la que, por fin, pueda visitar el sepulcro y la cripta de Santo Domingo de la Calzada. Sin embargo, el elemento que más llama la atención es la torre de la catedral, construida exenta del templo para hacerla lo suficientemente fuerte como para que no se derrumbara como había ocurrido con sus predecesoras. La torre, barroca del siglo XVIII y de 79 metros de altura, es la más alta de La Rioja y merece ser observada con detenimiento estirando bien el cuello desde la propia plaza del Santo.

En este punto, nos tomamos un receso en el Antiguo Hospital de Peregrinos, levantado junto a la catedral por el propio Santo Domingo en el siglo XII para acoger peregrinos que recorrían la Ruta Jacobea. Actualmente, es un Parador de Turismo, uno de los dos que podemos encontrar en la ciudad, siendo la única que cuenta con dos establecimientos de la red de Paradores. Pasear por sus instancias y relajarse tomando un buen café mientras nos deleitamos con su grandiosidad merecen y mucho la pena.

Plaza Mayor de Santo Domingo de la Calzada con el Ayuntamiento y la Cárcel Real a su derecha

Abandonamos por un momento la monumental calle Mayor para dirigirnos a la plaza Mayor que se creó con la construcción de las murallas del siglo XIV y que durante siglos fue el emplazamiento del mercado y de la plaza de toros. Allí se encuentra el edificio barroco del ayuntamiento, del siglo XVIII, una construcción de planta rectangular y de dos alturas. Destacan los nueve arcos adosados a los restos de la primitiva muralla del siglo XIV con unos soportales que en su día daban cobijo a los comerciantes durante las ferias y los mercados. Colindante al ayuntamiento encontramos el edificio del Corregimiento y la Cárcel Real que pueden ser visitados de forma gratuita.

Restos de las murallas medievales de Santo Domingo de la Calzada

Bordeamos el casco antiguo de Santo Domingo de la Calzada por la avenida de Burgos buscando los restos de las murallas medievales del siglo XIII y XIV no sin antes detenernos en la calle del Cristo donde llama la atención el Palacio del Secretario de Carlos V. Es esta una construcción del siglo XVI que Juan de Sámano mandó construir junto a la puerta de Margubete para su uso y disfrute y que a día de hoy alberga el colegio de los Sagrados Corazones.

La Cofradía del Santo Albergue de Peregrinos es la institución documentada más antigua de España

Recuperamos la calle Mayor por su extremo más occidental y de entre todos los edificios destacados que nos encontramos a nuestro paso nos detenemos en la Casa de los Trastámara, declarada BIC (Bien de Interés Cultural) en 1983. Aquí residió y murió el rey Enrique II de Castilla, o de Trastámara, hijo bastardo del rey Alfonso XI quien, a la muerte de este, arrebató la corona de Castilla a su hermano Pedro I -hijo legítimo- matándole con sus propias manos.

Plaza porticada de la Alameda con encinas que representan las que antaño poblaban la ciudad.

Cae la noche sobre Santo Domingo de la Calzada al tiempo que sus edificios más emblemáticos adquieren un semblante especial. La plaza del Santo de noche es como si fuera otra. Y no nos podemos marchar sin pasear tranquilamente por la plaza porticada de la Alameda del siglo XIX, utilizada también como mercado donde los hortelanos vendían sus productos. Las encinas que pueblan la plaza recuerdan el antiguo bosque que se extendía por todo el término municipal. De hecho, uno de los símbolos del escudo de la ciudad, además de la archiconocida gallina, es una hoz cortando una encina.

Vista de San Millán de la Cogolla con el valle al fondo por el que discurre el río Cárdenas

A la mañana siguiente nos esperaba un lugar de un valor histórico incalculable. En San Millán de la Cogolla han pasado muchas cosas a lo largo de los siglos, sobre todo, desde que Millán, un eremita discípulo de San Felices fuera enterrado en la cueva donde vivía en Suso, en el año 574. Esa cueva pasó a ser una ermita y, más tarde, una iglesia y un pequeño cenobio donde vivía una comunidad dirigida por un abad. Es complicado recopilar en unas líneas tanta información como la que se puede recibir en un lugar de una riqueza cultural e histórica inigualable como San Millán de la Cogolla. Resumiendo, San Millán fue aclamado como primer patrón de Castilla -y más tarde de España hasta el siglo XVIII- y sus restos eran muy deseados por distintos reyes que los quisieron para sí. Cuenta la leyenda que cuando se disponían a trasladarlos desde el valle de San Millán hasta Nájera, los portadores de la arqueta quedaron clavados en el suelo. El Santo no quería abandonar su tierra y, así, el propio rey mandó construir otro monasterio, el de Yuso, que se inauguró en septiembre de 1067.

Las Glosas Emilianenses durante el recorrido por el interior del Monasterio de Yuso. Cuna del castellano y el vascuence.

El Monasterio de Yuso es uno de esos lugares que los amantes de la cultura y la historia castellana no pueden perderse. Era mi segunda visita a San Millán de la Cogolla y por 7 euros puedes recorrer Yuso con visita guiada -Suso va aparte- y conocer todos los entresijos de un lugar que no me canso de admirar.

En el claustro de Yuso, las esculturas mutiladas recuerdan el paso de las tropas de Napoleón.

Este lugar presume de ser la cuna de la lengua castellana. Aquí fue donde se escribieron las primeras frases con sentido y donde residió el primer poeta castellano conocido: Gonzalo de Berceo. Es lo primero que nos muestran en la visita al Monasterio de Yuso que dura unos 45 minutos. Las Glosas Emilianenses son notas escritas entre líneas o en los márgenes de un libro en latín y traducido al castellano romance. Curiosamente, en el mismo códice, también se encuentran las primeras palabras en vascuence. El autor de estas notas es un monje que vivió en Suso aunque se desconoce su identidad. En Yuso encontramos un facsímil pues el códice original se encuentra en la Real Academia de la Historia, en Madrid.

Retablo de la iglesia con la imagen de San Millán con la espada de fuego. Abajo, la portada de la iglesia e imágenes de la sacristía.

Esto es solo el comienzo de un recorrido tremendamente interesante y enriquecedor. Se continúa por el claustro, con las esculturas mutiladas por las tropas de Napoleón como seña de identidad para dejar constancia de su paso. Después nos adentramos en la iglesia para descubrir el retablo dorado de estilo rococó y la bella imagen del antiguo patrón de Castilla y más tarde de España, San Millán, portando la espada de fuego en ayuda de los cristianos para derrotar a los moriscos en la Reconquista, liberando del mal y la herejía. La guía también nos cuenta la historia de dos tallas presentes en el retablo: las figuras de Santa Oria, emparedada desde los nueve años hasta su muerte con 27 para ofrecer su belleza a Dios, y Santa Potamia, santa de la lluvia.

En la sacristía, del barroco francés original del siglo XVIII, descubrimos la técnica de utilizar ajo para sostener la pintura en las obras de óleo sobre cobre. Después, en la sala de códices y cantorales, encontramos un armario único de Cantos Gregorianos que utiliza una fresquera para su conservación. Estremece pensar en el valor incalculable de aquella colección de cantorales que se conservan en su armario original y que es una de las cuatro completas que quedan en España, además del Palacio Real y el Monasterio de El Escorial, en Madrid, y el Monasterio de Guadalupe, en Cáceres.

Claustro alto con las pinturas representativas de la vida, obra y milagros de San Millán. Debajo, pinturas con detalle.

Buscando el relicario de San Millán, paseamos por el claustro alto donde se encuentran unos pequeños habitáculos que se utilizaban como celdas y unas pinturas que representan la vida y los milagros de San Millán y que merece la pena observar con detenimiento. Ya en el relicario, nos cuentan que en el siglo XI se trasladaron de Suso a Yuso los restos del Santo y se guardaron en un cofre de madera hasta 1809. Entonces, los monjes benedictinos se lo llevaron evitando que cayera en las manos de las tropas de Napoleón que, curiosamente, arrasaron con todo menos con el marfil al que no le daban valor. Hoy el cofre es de oro y plata y está decorado con marfiles originales de 1067. Es, sin duda, una de las piezas más importantes del románico español. Son marfiles con influencia mozárabe que confieren movimiento y realismo y que representan los milagros de San Millán. Otro cofre, de dimensiones más reducidas, acompaña al de las reliquias de San Millán. Se da la circunstancia de que San Millán de la Cogolla y Haro son dos municipios hermanados que decidieron compartir las reliquias de sus patrones. Es por ello que, en el cobre más pequeño, también de marfil, se guardan parte de las reliquias de San Felices.

Abandonamos el valle de San Millán no sin antes detenernos en la cuna de dos de los protagonistas de este segundo día por La Rioja Alta. En Berceo, a dos kilómetros de Yuso, nacieron San Millán (473-574) y Gonzalo de Berceo (1180-1246) y, paseando por el municipio, nos encontramos con alguna huella de ambos aunque todo el protagonismo se lo lleve la localidad vecina.

Relicario de San Millán decorado con marfil original del siglo XI

Han sido dos días, lo suficiente para darnos cuenta de la riqueza patrimonial, histórica y cultural de La Rioja Alta. Un territorio de los que enriquece y de los que siempre te vas con ganas de volver.

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