Por el castañar de Casillas y el de Rozas de Puerto Real

Para el común de los mortales, un domingo de lluvia es un día de “peli y manta” de libro. Sin embargo, en estos tiempos que corren, un día de lluvia se presenta como un día perfecto para disfrutar en soledad de lugares que los fines de semana suelen estar concurridos. Nuestro plan fue visitar los castañares de Casillas y El Tiemblo, en Ávila, y el de Rozas de Puerto Real, en Madrid. Y para allá que nos fuimos.

Mi amigo Juan Carlos me dio hace poco un chivatazo de los buenos: “La carretera que sube a Casillas desde Sotillo de la Adrada es espectacular. Tienes que ir por allí”. Y yo, que soy muy bien mandado, tomé nota y pocos días después nos dirigimos hacía allí. La M-501, conocida como la carretera de los Pantanos, te lleva hacia los pueblos del suroeste de Madrid y el bello Valle del Tiétar, ya en Ávila. Es una zona que en cualquier época del año es impresionante pero en Otoño lo es más aún.

Envuelta en una naturaleza sobrecogedora, la carretera va filtreando entre los límites provinciales. Buscamos la susodicha carretera que asciende a Casillas por lo que hacemos caso omiso al primer cruce que te lleva hasta este pueblo y continuamos hasta Sotillo de la Adrada donde, pasada la gasolinera que hay en el centro del pueblo, parte la carretera hacia Casillas que está convenientemente indicada.

Entrada a Casillas, Ávila

Bajo una lluvia incesante y envueltos en un espectáculo de robles y castaños a uno y otro lado, la M-549 asciende sinuosa desde los 635 metros sobre el nivel del mar de Sotillo hasta los 1.012 de Casillas sin cruzarnos prácticamente a nadie a nuestro paso y disfrutando de cada regalo que la naturaleza hace a nuestra vista.

Una vez en Casillas, buscamos el castañar de la localidad para lo cual hay que cruzar todo el pueblo sin dejar de ascender por entre calles estrechas y enrevesadas con un desnivel que llega, según indican las señales, del 23 por ciento. En tiempos de Vuelta a España, te imaginas aquí un final de etapa espectacular con Primož Roglič y los que le siguen subiendo estas duras rampas incluso para los coches.

Nos sorprendió que en Casillas no vimos ningún cartel o señal que dirigiera hacia el castañar. Lo cierto, es que Casillas es en sí un castañar. No mucha gente sabe que el fruto de este árbol, la castaña, nace en una cúpula espinosa que puede contener de dos a siete castañas. Las castañas se alojan en el interior de esta cúpula o erizo que hasta que no madura y se abre no se puede recolectar. El suelo estaba repleto de estos erizos que, muchos de ellos abiertos, habían dejado a la vista su preciado fruto para muchos que se pasean por la zona y aprovechan la ocasión para recoger algunas. Sin embargo, hay calles y tramos de carretera, sobre todo en la zona alta, cuya calzada está impregnada de castañas trituradas por los coches a su paso tras caer del árbol. Y menos mal que los pinchos de las cúpulas espinosas no son muy largos, la de pinchazos que podría provocar…

Para pasear y disfrutar del entorno, nos dirigimos hacia donde nos habían recomendado. En Google Maps hay una ubicación que te lleva al “Castañar de Casillas“. Por un camino rural llegas a dicho lugar y a partir de ahí tienes diferentes opciones de disfrutar del lugar. Paraguas en mano, continuamos el camino asfaltado curioseando por algunos de los senderos que parten a derecha e izquierda. Es temporada de setas y durante este paseo también se puede disfrutar la variedad micológica de esta tierra. Sin embargo, como se dice, se ve pero no se toca. Hay que tener mucho respeto por la naturaleza y más si no se conoce sobre este campo. Si algo queda claro de nuestro paso por Casillas es la inmensa riqueza natural que atesora y el respeto de los casillanos por su pueblo, su entorno y sus castañares.

En nuestro camino nos encontramos con algunos ejemplares de setas.

Partimos hacia el siguiente destino: el Castañar de El Tiemblo. Se trata de un espacio mucho más conocido y masificado que tenemos esperanza de visitar con mayor tranquilidad en un día lluvioso y cerrado como el que hemos elegido para nuestra ruta por los castañares de la zona fronteriza de Madrid y Ávila. Para llegar a El Tiemblo descendemos por la M-549 siguiendo la carretera que habíamos tomado para llegar a Casillas. Por esta parte, seguimos “triturando” castañas sobre el asfalto y disfrutando de un paisaje cien por cien otoñal con la amplia gama de colores que ofrece esta hermosa estación.

La carretera M-549 forma un semicírculo que comienza y termina en la M-501 con paso por Casillas.

Volvemos a la M-501 justo en el cruce con Rozas de Puerto Real y a escasos metros del nacimiento del río Tiétar para tomar dirección Madrid y, pasados unos kilómetros, girar a la izquierda hacia Ávila. Pasaremos por los Toros de Guisando, que hace años estaban al aire libre y ahora están cerrados con el propósito de una mejor conservación -puedes visitarlos por dos euros-. Es este un lugar de gran calado histórico pues allí consiguió la princesa Isabel convertirse en heredera al trono de Castilla en detrimento de su sobrina Juana La Beltraneja. Una inscripción hace referencia a tal hecho ocurrido el 19 de septiembre de 1468. En 1474, Isabel La Católica se convirtió en Reina de Castilla.

Inscripción que recuerda el hecho histórico ocurrido en este lugar en 1468.

Tras este apunte histórico, continuamos hasta El Tiemblo. Ya allí, pronto encontraremos indicaciones hacia su castañar, un espacio natural que desde el ayuntamiento y algunas asociaciones están cuidando con medidas que eviten el constante deterioro al que visitantes incívicos (muchos no lo son) someten al bosque. Un control de la policía local advierte de cómo andan las cosas por allí arriba e informan de que el acceso con coche tiene un coste de seis euros más dos adicionales por persona. Debo de decir que estoy de acuerdo con que estas situaciones se atajen con el pago de una pequeña cantidad que vaya destinada a la conservación del espacio y sirva de fórmula disuasoria para los insensibles con el entorno natural, aunque dada la situación preferimos aplazar la visita a otro momento.

Media vuelta y dirección al tercer castañar previsto: el de Rozas de Puerto Real. Con la lluvia como acompañante en todo momento, ascendemos hasta este municipio del extremo suroeste de la Comunidad de Madrid. Son muchas las particularidades de esta villa -título otorgado por Carlos II, el último Austria, en 1693-. La Cañada Real Leonesa Oriental atraviesa su término municipal donde, además, nace el río Tiétar siendo el único pueblo madrileño que toca en su curso. También destaca su castañar, el más importante de toda la Comunidad de Madrid. Por la zona veremos carteles indicando la “Ruta de los Castaños“, un recorrido por el término municipal y que discurre por parajes de gran belleza que rebosan frondosidad.

El camino, que nace en el pueblo, sale de la parte izquierda de la carretera que sube de la M-501. Un primer tramo asfaltado envuelto de un inmenso bosque de castaños centenarios nos lleva hasta un abrevadero desde donde sale una vía pecuaria que continúa con esta ruta que rodea el entorno del embalse de Los Morales. Toda la ruta está perfectamente señalizada y acondicionada con zonas de merenderos y papeleras.

A punto de caer la noche decimos adiós a un espacio increíble que nos ha tenido durante todo el día sobrecogidos y estremecidos ante tanta belleza natural con el castaño como protagonista. Sin duda, el mejor ejemplo de que un día lluvioso puede convertirse en un día mágico e inolvidable.

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