Trujillo, Cáceres y Alcántara en tres días

Cáceres es una de esas provincias que requiere su tiempo y este en el que estamos, con las mayoría de las Comunidades Autónomas con cierre perimetral, se presenta como el momento ideal para recorrer Extremadura y en particular una provincia tan infinita como uno quiera.

Vista de la plaza Mayor de Trujillo desde las almenas de su castillo

El hecho de viajar durante tres días con una iniciada en esta tierra de conquistadores fue el detonante de esta ruta -Trujillo, Cáceres y Alcántara- que podría ser la guía básica para cualquiera que aún no haya visitado Cáceres y quiera saber qué es lo primero que debe visitar de esta maravillosa provincia.

Con epicentro en Trujillo y en su fabuloso Parador, visitamos la ciudad medieval de día y de noche. Otro día lo destinamos a descubrir Cáceres. Digo descubrir porque recorrer cada palmo de su recinto amurallado y parte de extramuros con Isabel, Guía de la Asociación de Guías de Turismo de Cáceres, es otra cosa totalmente distinta a visitar Cáceres por tu cuenta, como había hecho en otras ocasiones. Por último, nos acercamos hasta el área del Tajo Internacional descubriendo poblaciones de gran calado histórico como Brozas o Alcántara, paseando por su espectacular Puente Romano de Alcántara y visitando el borde fronterizo con Portugal con la Fortaleza de Segura vigilando a lo lejos.

El Puente Romano de Alcántara será otro de los lugares que visitaremos en estos tres días en la provincia de Cáceres.

Es curioso que en la televisión de vez en cuando saquen el temita de la “madrileñofobia” y que en cuanto pisas Extremadura, lo primero que hagan sea darte las gracias por ir. Porque, nos guste o no, hay mucha gente que vive de Madrid y así lo hemos sentido y nos lo han transmitido en este viaje de tres días en el que hemos podido comprobar la diferencia de afluencia entre los días de diario y el fin de semana.

Día 1. Trujillo

Plaza Mayor de Trujillo desde La Troya

La mayoría de hoteles de Trujillo están cerrados. Los viajes organizados están cancelados y todo se reduce a las escapadas que llegan desde Madrid durante el fin de semana, además de algunos que podemos salir entre semana. La noche de Trujillo se resume en una Plaza Mayor desierta y ni un alma durante la subida al castillo. Quien sí resiste es La Troya. Bajo el soportal de la cara que da al castillo, este restaurante es uno de los mejores en cuanto a trato y calidad-precio que he visitado en mi vida. Un menú diario de 16-20 euros con diferentes alternativas de la cocina regional y un “aperitivo” incluido que consta de una ensalada y una tortilla de patatas espectacular. Las migas extremeñas, el zorongollo o el timbal de rabo de toro son solo algunas de las delicias que puedes degustar en un local decorado de una forma muy particular. Dos veces he ido este año, no digo más…

Contemplar la Plaza Mayor de Trujillo de noche, bajo una lluvia fina, con la luz que alumbran sus soportales y sin nadie que perturbe esta idílica imagen, es un verdadero lujo. Y es que la primitiva plaza del Arrabal, situada entre la muralla de la ciudad y los barrios judíos y musulmanes es hoy el centro neurálgico de esta ciudad. Es el punto de encuentro de todos los que visitan la antigua Turgalium y donde siempre hay ferias, fiestas, actividades culturales y actos de todo tipo.

La ciudad de Trujillo fue reconquistada por Fernando III en 1232 y en los siglos XV y XVI vio nacer a numerosos personajes que se lanzaron a la conquista del Nuevo Mundo. Junto a la estatua de uno de ellos, del conquistador del Perú, Francisco Pizarro, se inicia la visita guiada con un vistazo a los numerosos palacios que rodean esta monumental plaza. Destaca el Palacio de Juan Pizarro Orellana, primo de Francisco Pizarro, quien a su vuelta de las américas levantó este palacio renacentista sobre un antiguo edificio militar.

Plaza Mayor de Trujillo desde la estatua de Francisco Pizarro

Nos llaman la atención sobre un hecho que también se repetirá en Cáceres. En Trujillo, todas las torres menos una fueron desmochadas por orden de Isabel la Católica con el propósito de imponer el poder de la Corona sobre las familias más poderosas. Subiendo la cuesta de la Sangre, encontramos el Palacio de los Chaves-Sotomayor con la única torre no desmochada de toda la ciudad por su alianza con la Católica. Allí estuvieron alojados unos meses los Reyes Católicos y se instalaron por un tiempo las cortes.

El palacio de los Chaves-Sotomayor fue el único cuya torre no fue desmochada.

Paseamos por calles que rezuman historia, algunas de ellas tan estrechas que cuentan con unos surcos que se hacían para el saliente de las ruedas de los carros que transitaban por la ciudad. Y por la calle de los Altamirano, una de esas familias de Trujillo de alta alcurnia, llegamos al aljibe árabe, el más antiguo de Extremadura del periodo Omeya (siglo X) que visitamos para comprobar su buen estado de conservación y que abastecía de agua los cercanos palacios de los Altamirano, Bejarano y Chaves. Muy cerquita encontramos la alberca, un depósito de agua de 11 metros de profundidad construido en el siglo XII.

Pasando por el único cementerio de Trujillo, curiosamente intramuros, alcanzamos la Puerta del Triunfo. Por ella, el 25 de enero de 1232, fue reconquistada Trujillo por el ejército cristiano de Fernando III. Cuenta la leyenda que la Virgen, la cual aparece representada en la puerta junto a los escudos de la orden del Temple y de Santiago, se apareció sobre una de las puertas del recinto amurallado para otorgar la victoria a los cristianos. Desde ese momento, la Virgen de la Victoria se convirtió en la patrona de Trujillo.

Y seguimos ascendiendo y encontrando detalles que nos sorprenden como los balcones de esquina -siete en total hay en Trujillo- repartidos por diferentes palacios y casas señoriales de la ciudad hasta llegar a la iglesia de Santa María la Mayor, construida sobre una antigua mezquita tras la reconquista de la villa. En la parte alta del recinto amurallado, en nuestro camino hacia el castillo, pasamos por la puerta de Coria -las vistas desde allí son espléndidas-, visitamos la Casa-Museo de Pizarro, donde se recrea la casa de un hidalgo del siglo XV y se expone todo lo relacionado con la vida y obra del conquistador del Perú.

Vistas desde la Puerta de Coria

En el cerro conocido como “Cabeza del Zorro” se encuentra el castillo, antigua Alcazaba almohade de los siglos IX y X que protegía la Medina. Sus muros se pueden recorrer y admirar desde lo alto toda la ciudad de Trujillo.

Vista de Trujillo desde la antigua alcazaba

El perfecto colofón a un día en Trujillo es una cena en su Parador (recordad que la comida es cosa de La Troya). Ubicado en el antiguo Convento de Concepcionistas de Santa Clara del siglo XVI, en el arrabal medieval de San Clemente, el Parador de Trujillo ofrece ese ambiente de paz y sosiego que le imprime su estructura conventual. Su cocina ofrece lo mejor de la gastronomía local y regional con el exquisito trato que ofrece su jefe de sala, Fernando Arias.

Día 2. Cáceres

Arco de la Estrella con la Plaza Mayor al fondo

Cáceres bajo la lluvia no pierde ni un grado de su esencia. Si, además, tienes la suerte de recorrerla metro a metro junto a una gran conocedora de la historia de la ciudad como es Isabel, la visita se torna en mágica. Desde la Plaza Mayor, se accede a la parte antigua -Patrimonio de la Humanidad desde 1986- por el arco de la Estrella, con una curiosa forma. Desde el centro de la plaza de Santa María nos pasamos un buen rato observando edificios y los escudos de cada uno de ellos. Muchos de esos edificios, de familias como los Ovando y los Golfín-Roco que fueron a hacer las américas, siguen perteneciendo a estas. Accedemos al Palacio de los Carvajal, actual oficina de Turismo de la Diputación y donde observamos la distribución tipo de estas casas, con el zaguán y el patio exterior. En la Concatedral de Santa María llama la atención el retablo mayor que carece de policromía pues cuando se ejecutó, a mediados del siglo XVI, no había presupuesto. Esta obra del Renacimiento Español es única y, como tal, nos sentamos frente a él para admirar las escenas que se representan.

Desde la plaza de San Jorge, donde alumnos de arte dramático hacen de cuando en cuando algunas de las representaciones que estudian en el Convento de la Compañía de Jesús, se presenta en lo alto la iglesia de San Francisco Javier, cuya vista nos recuerda a las típicas iglesias barrocas precolombinas. Por uno de los flancos de la plaza, ascendiendo la cuesta de la Compañía, nos detenemos en la Casa de los Becerra para adentrarnos brevemente en la Fundación Mercedes Calles, una mujer de alta alcurnia con un patrimonio excelso que está expuesto en este ejemplo de la arquitectura civil cacereña.

Museo Provincial de Cáceres

Continuamos ascendiendo hasta alcanzar la plaza de San Pablo y a la izquierda nos topamos con la plaza de Las Veletas donde accedemos al Museo Provincial. Este se encuentra en la antigua Casa de Las Veletas con una balaustrada que llama la atención por sus gárgolas y los pináculos de cerámica con detalles de color verde, de El Puente del Arzobispo, municipio de Toledo.

El Museo Provincial es una sucesión de salas en las cuales se exponen maravillas de la provincia aunque la joya de la corona es el aljibe almohade de los siglos XI y XII, el mejor conservado en Europa junto al de Yerebatan en Estambul. Y es que Cáceres, al igual que ocurre con Trujillo, no tiene un gran río pero si un subsuelo con importantes acuíferos que permitió el asentamiento de los primeros pobladores. La Casa de Las Veletas está conectada por un puente con la Casa de los Caballos que viene a ser la continuación del museo y que guarda algunas obras de arte dignas de ser visitadas como la Santísima Trinidad en alabastro con la representación de Cristo, el Espíritu Santo y Dios.

Palacio de los Cáceres-Ovando, el único con la torre sin desmochar.

Regresando al punto de inicio, nos detenemos en el Convento de San Pablo a comprar unas yemas tremendamente ricas. Este se encuentra en el punto más alto de Cáceres, la plaza de San Mateo (454 m.), donde además se puede contemplar la única torre no desmochada del recinto histórico, la del Palacio de los Cáceres-Ovando con la famosa Torre de las Cigüeñas. Nos cuentan que cuando por orden de Isabel la Católica, todas las torres de las casas debieron ser desmochadas por el apoyo de esas familias a Juana la Beltraneja, la de Diego de Cáceres-Ovando se libró de dicha orden de rebajar su altura por su lealtad a ‘la Católica’ en la disputa del trono de Castilla.

Callejeando por calles estrechas y en cuesta llegamos al barrio de San Antonio, el Barrio Judío. Pronto se observa el cambio en las construcciones, con viviendas más sencillas y de tamaño reducido. Frente a la ermita de San Antonio, antigua sinagoga, conocemos la historia de esta comunidad en Cáceres que contaba con otra judería a espaldas de la Plaza Mayor. Fue en 1477 cuando tuvieron que abandonar sus casas por orden real, muchos de ellos con dirección a Portugal, dejando un gran legado tras de sí.

El palacio de los Golfines de Arriba fue el lugar de residencia de Franco durante su paso por Cáceres en agosto de 1936, cuando fue proclamado Generalísimo.

Regresando a la Plaza Mayor, nos damos de bruces con el palacio de los Golfines de Arriba donde, curiosamente, Francisco Franco fue proclamado Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales. Allí se hospedó durante 39 días y nos cuenta Isabel, nuestra guía particular, que el escritor local José Ramón Alonso de la Torre ha escrito una novela contando el trascendental paso del general por Cáceres en agosto de 1936. Por cierto, no hay que confundir este Palacio con el de los Golfines de Abajo, donde se hospedó Isabel la Católica siglos atrás.

La visita a Cáceres se extiende más allá de la Ciudad Monumental. Paseamos por la plaza de San Juan, con la pequeña placita decorada con estilo portugués por un antiguo concejal natural de Olivenza; nos detenemos ante el Gran Teatro que se puso en funcionamiento en 1929, en una época de desarrollo urbanístico en la ciudad; y finalizamos ante los edificios de estilo modernista que hoy son sede de diferentes bancos.

Día 3. Parque Natural del Tajo Internacional
El Parque Natural del Tajo Internacional es un espacio natural protegido que forma una frontera natural entre España y Portugal. Cuando se habla de espacios fronterizos, se habla de pueblos cargados de historia, con vocación defensiva y edificios militares, religiosos y civiles por doquier.

Un ejemplo de ello es Brozas. Casas señorales de familias destacadas de la zona se reparten a lo largo y ancho de su callejero. Los Argüello-Carvajal, los Mendoza-Escalante o los Tejada son solo algunos ejemplos. En la agradable plaza del Ayuntamiento, sorprende la iglesia de Santa María la Mayor de la Asunción, conocida como la “Catedralina”, uno de los templos más grandes de Extremadura declarado Monumento Nacional y cuya construcción se llevó a cabo durante tres siglos.
El castillo de Brozas, conocido por los brocenses como “El Palacio”, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar de la Orden de Alcántara. Impone rodearlo y verlo en toda su grandeza en un estado semiabandonado.

El arco de la Concepción es una de las puertas que queda en pie del recinto amurallado.

Seguimos hasta Alcántara. Es viernes pero el pueblo se encuentra prácticamente vacío de visitantes y vecinos que lo transiten. La pandemia está haciendo mucho daño en Extremadura y este es un ejemplo más. Su Hospedería, con su restaurante, en el Convento de San Bartolomé del siglo XV, lleva demasiado tiempo cerrado. No hay visitantes a los que hospedar ni dar de comer.

Alcántara, situada en la margen izquierda del río Tajo, fue un emplazamiento estratégico como enclave fronterizo lo cual condicionó su evolución histórica. Con la construcción del puente, en el siglo II a.C. se demuestra que la zona ya estaba romanizada. Los visigodos también se asentaron allí y es con la invasión musulmana cuando comienza a hablarse de Alcántara (Alcántara significa “el puente”). Finalmente, en 1213 fue reconquistado por Alfonso IX.

Intramuros -lo que queda-, Alcántara está plagado de casas-palacio y edificios religiosos (destaca el Conventual de San Benito del siglo XVI) aunque su mayor atractivo está un par de kilómetros a las afueras del pueblo con dirección Portugal. El Puente Romano de Alcántara del siglo II está considerado una de las obras más importantes del Imperio Romano. Terminó de construirse en los años 103-104 d.C. en la época del emperador Trajano al que fue dedicado. Con 71 metros de altura, 194 metros de longitud y 8 de anchura, en el centro del puente se levantó un Arco del Triunfo al que, en tiempos de Carlos V, se le añadieron las almenas superiores y su escudo. A lo largo de los siglos, el puente ha sufrido los estragos de diferentes conflictos bélicos desde la Reconquista y se restauró en 1859 en tiempos de Isabel II.

Puente Romano de Alcántara con el salto de José María Oriol al fondo

“El edificio más duradero creado por la mano del hombre”, es obligatorio contemplarlo detenidamente, pasarse por el Templo Romano en honor a Trajano, observar la gran obra de ingeniería hidráulica de José María Oriol y caminar por la Cañada Real de Gata acompañado por un bello regato que cae en forma de cascada. Unos metros más arriba, detrás del muro del embalse, el río Alagón cede sus aguas al Tajo. Cruzamos el puente, lentos, saboreando cada metro y deteniéndonos ante el Arco del Triunfo sobre el que están marcados los pueblos que colaboraron en su construcción.

Camino de la frontera, pasamos por Estorninos y Piedras Albas y continuamos hacia adelante con la emoción de saber que en pocos kilómetros estarás en otro país y en otro huso horario. El Puente Romano de Segura divide y une al mismo tiempo España y Portugal. Es una pena que los elementos de uno y otro lado estén pintarrajeados pero el entorno es digno de visitarlo y disfrutarlo como es debido. Sobre el río Erjas, que en este punto hace frontera entre ambos países a pocos kilómetros de desembocar en el Tajo, se observa al fondo la fortaleza de Segura, una pequeña freguesía del concello de Idanha-a-Nova.

Para complementar este paseo por una parte del Tajo Internacional, viajamos hasta Garrovillas de Alconétar para pasear por su famosa plaza, una de las más bellas y de las doce mayores de España formada por un conjunto de casas porticadas. Fue construida en los siglos XV y XVI, la época de mayor esplendor del municipio.

Plaza Mayor de Garrovillas de Alconétar

Hasta aquí este paseo por una provincia infinita que seguiremos recorriendo con responsabilidad y el compromiso de estar con las gentes que lo pasan mal por la falta de movimiento de turistas.

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